Calendarios de comercios de Entrevías

Calendarios de comercios de Entrevías.

Los calendarios de pared y de mano eran un sistema recurrente con el que contaban los comerciantes del barrio. Un obsequio práctico para tener en caso o llevar en la cartera y en el que se podían marcar fechas con significado personal

Origen: archivo personal de Fernando Figueroa Saavedra.


Engrase y Lavado Prieto, en Puerto Balbarán que, aunque es San Diego, por su linde con las vías se anuncia como de Entrevías. El área estaba en los años setenta plagadita de talleres mecánicos. Calendario de 1973 con una chica en traje de baño con fondo playero-tropical, ajustada al estereotipo «sueco», fantasía sexual de los españolitos del franquismo.

Lechería y Huevería Moreno, en la avenida de Entrevías. Calendarios de 1974 con el mismo estereotipo «sueco», modelo bikini. Sin duda, para deleitar los ojos en la intimidad o en compañía, porque ¿para qué sirve que te den un calendario de estos si no puedes enseñarlo a los colegas? El segundo se lo conoce como «variante danesa», por lo de la Sirenita de Copenhague. Se suma un tercer modelo, más teutón y acorde con el nombre del negocio.

Pescaderías Paco Cañueto, con local en la Galería de Serena (Mercado de Entrevías) y en la Galería Peironcely, ambos en Entrevías. Calendario de 1989 con imagen de la Virgen del Carmen con Jesús niño. Aquí el motivo es sacro y no profano: la patrona de Vallecas y una virgen muy apropiada para acompañar a los pescaderos.


Estudio Fotográfico Nuñez en Puerto Balbarán. Lo dicho, aunque técnicamente se ubica en San Diego, se anunciaba como comercio de Entrevías por la linde con el barrio. Muchos de Entrevías iban por allí —total, era cruzar el puente del apeadero y estabas allí mismo— a revelar carretes, comprarlos, hacerse las fotos de carné, fotos para la comunión, la boda, etc. Calendarios de 1988, uno con motivo floral pintado y otro con mapa de la Comunidad de Madrid y motivo castizo de la capital.



Churrería y frutos secos Elena, sita en la avenida de Entrevías. Calendario de 1989 con un motivo floral; un contrastado aroma frente a la freiduría. En los ochenta las churrerías eran un buen negocio porque ya la compra de churros y porras no se limitaba a los días de festejo y la economía popular iba sobrada, al menos para su consumo dominical. Además, quién fríe churros bien puede también freír patatas y vender toda clase de aperitivos embolsados o a granel.


Hoy en día, sigue siendo tradición que los comerciantes regalen calendarios a fin de año, quizás no tantos como hace décadas al haber otros dispositivos que nos informan del día que es o será, pero sí con frecuencia.


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