El mundo hoy, en Rutas 5

Revista RUTAS, año I, n.º 5, 30-11-1964.

Perioricidad: quincenal. 

Tirada: 200 ejemplares. 

Domicilio: Avda. Escuelas, 15.

Comité de redacción: Francisco Figueras Sola, Antonio Gámez Aranda, Angelita Guerrero, Silvestre López Garcés, Julián Mellen, Luis Salas Galán.

Origen: archivo personal de Amparo Figueroa Saavedra.


Texto de la página 4. Transcripción revisada. Texto de Francisco Figueras Sola sobre la rebelión simba en el Congo oriental, producida ese año, y el asesinato de cuatro hermanas dominicas del Santo Rosario en Stanleyville.

EL MUNDO HOY

«... tenían la cara desnuda frente a la cara de Dios». / Un despacho, enmascarado en siglas, abreviaturas y cifras de servicio, venía de Amberes, pero traía luto y sangre del Congo. Iba a unas monjitas de Madrid, allá por la Ciudad Lineal. Era la partida de defunción de la comunidad española en Stanleyville. Traía horror: tres monjas navarras y una de León; cincuenta, treinta y ocho, treinta y veintisiete años. Maestras o enfermeras bajo sus hábitos. Una sola sonrisa en las cuatro bocas de la comunidad cercada por el horror. Las han ametrallado los hijos del pueblo. Acaso hayan tenido tiempo para mirar hacia un sagrario pobre donde estaba Dios y una vela doblando en luz de agonía. / En Madrid, de vuelta al convento de las monjas martirizadas, se inauguraba una exposición: «El Congo hoy». Era una exposición que quería llamar a la vida, pero del Congo, hoy, solamente llegan mensajes de muerte. / Dijo el Arzobispo de Elisabethville ante los micrófonos de TV: «Yo sé que España no tiembla. Sabéis dar. Sabéis morir. ¡Bendita España!». / Sí, monseñor: bendita España, que sabe más de entregas sublimes, que sabe más de martirios que de esquemas. / Siempre España. Ahora, en el Congo. Mañana en China. Sí, monseñor, ¡bendita España! / El cable solo decía «muertas». Nada más. Luego vendría el explicar que sor María Cándida de Jesús tenía treinta años, y se había llamado en el mundo Pilar Eslava. Pero su mundo no era el de las ametralladoras negras de Stanleyville, sino aquel de su infancia, en tierra navarra. Donde hay una cruz para cada pecho. / Las monjas españolas tenían el rostro manchado por el plomo. Tenían la cara desnuda frente a la Cara de Dios... / PACO F. S.



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