Revista RUTAS, año I, n.º 9, marzo 1965.
Perioricidad: quincenal.
Tirada: 250 ejemplares.
Domicilio: Avda. Escuelas, 15.
Origen: archivo personal de Eugenio Figueroa Román.
Texto de la página 7. Transcripción revisada. Artículo del Luis Salas Galán sobre nutrición y los excesos en el comer.
MAL COMER
Con este título no quiero referirme solamente a los que tiene poco que comer, sino, generalizando, a comer malamente, y la cosa es extensa, pues se puede comer de mala manera por muchas causas: por comer a deshora; por comer deprisa o demasiado despacio; con desgana o demasiado apetito; por no masticar bien; por enfermedades que impiden comer lo que se desea, como úlceras de estómago o duodeno. / Por esta simple enumeración, ya se vislumbra que el análisis de todo ello nos llevaría muy lejos, por ello me limitaré a tratar la comida de Navidad, Noche Vieja o Reyes, esto es, el clásico «atracón». / Verdad es que estas comilonas también se presentan en bodas, bautizos..., si bien, cada vez menos, no sabemos si porque la vida está cara o porque los dueños de los restaurantes se ven animados a la noble tarea de velar por la buena salud de sus más y sus menos fugaces clientes. / Pero también es cierto que en los trastornos que suelen producirse en estos ágapes, no solo la culpa es de la comida, sino que también y en su mayor parte es de la bebida, es decir, por borrachera, turca, mona, tablón, trúpido..., pues el idioma español es muy generoso en la denominación del ataque de alcoholismo agudo. Hay vómitos, inconsciencia, malestar; primero congestiones, luego palidez, tendencia al sueño, etc. / En estos trastornos sufre el organismo y principalmente el sistema nervioso y el aparato circulatorio, esto es lo más vital de nuestro ser. / Influye asimismo en el futuro del individuo la frecuencia con que cometa estos abusos. Hay enfermedades de insuficiencia hepática que se curan simplemente comiendo como se debe sin abusar de la comida y mucho menos de la bebida. / Naturalmente, hasta la saciedad no hay enfermedades, pero sí enfermos, y esto sí es cierto, por lo tanto, no se puede generalizar. Pero lo que si se puede generalizar es dictar normas para no cometer disparates que siempre van en detrimento de la salud. / Pero, pensando que, si sigo escribiendo, voy a aburrir soberanamente al que tenga el valor de leerme, voy a poner fin a esta nota con una serie de consejos. Vamos a ello. / Procurar comer a horas fijas. Sí, ya sé que en algunas profesiones no es fácil, pero más consigue el que quiere que el que puede. Por eso digo «procurar». / No comer nunca deprisa. El que come deprisa no digiere fácilmente. / Durante la comida no hay que estar ensimismado, preocupado o triste, debemos charlar corrientemente de las cosas normales de la vida. / No quedarse con apetito, cosa rara, ni tampoco hartarse, cosa difícil, a no ser con «judías». / No acostarse hasta una hora pasada la cena. / En cuanto a la bebida, no soy enemigo de ella ni mucho menos, la aconsejo, pero con moderación, porque una cosa es el uso y otra es el abuso. / Respecto a lo que se debe comer, lo omito, ya que los que no lo saben se llevarían una desilusión al darse cuenta de que no comen lo que deben, sino lo que pueden, aunque más vale poco y bueno que mucho y malo. / Después de las comidas «dos minutos Profidén». / Cuidado con el bicarbonato después de las comidas, que este «inocente remedio» requiere cada vez mayores dosis. / En todo moderación, esto es sentido común. / Y con esto me despido: ¡Adiós y... buen provecho! / Luis Sala Galán

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