Un chasco y... a empezar de nuevo, en Rutas 9

Revista RUTAS, año I, n.º 9, marzo 1965.

Perioricidad: quincenal. 

Tirada: 250 ejemplares. 

Domicilio: Avda. Escuelas, 15.

Origen: archivo personal de Eugenio Figueroa Román.


Texto de las páginas 5 y 6. Transcripción revisada. Relato breve de Jesús Fernández.

UN CHASCO Y... A EMPEZAR DE NUEVO

Era ella, no podía ser otra; su melena negra, su contorno esbelto, su... su todo. ¡Sí!, estaba parada en aquella esquina, parecía estar esperando a alguien o alguna cosa, quizá la camioneta, pues de hito en hito miraba el reloj; parecía estar nerviosa, pero yo... yo sí que estaba nervioso cada vez que la miraba; mi corazón se ponía a latir fuertemente, ¡no sé!, quizá esa fuerza de atracción que ella tenía y que yo no podía resistir cada vez que la miraba. / ¡Ahora! Ahora está mirando hacía acá y creo que me mira a mí; ¡no puede ser!, quizá ha visto a algún conocido suyo o lo que sea, pero a mí no, ¡es imposible!; nunca he tratado con ella, solamente la conozco de vista y recuerdo que una vez la dije hola, pero nada más, y además creo que ella no se ha fijado en mí, ¡claro!, hay tantos chicos mucho más atractivos que yo, cómo se va a fijar. / No me equivoqué, ahora está hablando con un hombre y le está echando sonrisas, ¡y se abrazan!, ¡y se... y se han besado! / Me acerco a ellos para ver si capto alguna palabra que me dé indicio de quién es él. / —Oye, ¿vas a ir a cenar a casa? / —Sí, vida mía. —Oigo que le responde. /  —Ve pronto, te estamos esperando. / —No te preocupes, a las ocho en punto estoy allí, y me sentaré a tu lado. / —Bueno, adiós, corazón —se despide ella. / —Hasta luego, lucero mío.

—Mis sospechas eran ciertas; aquel hombre era su novio, ¿por qué no? Un poco más viejo que ella, se abrazan y se sonríen, lo más natural. Luego, en casa de ella, observo la siguiente escena: / Se abre la puerta y aparece el señor que minutos antes había estado hablando con ella. / —Hola, July. Como te prometí, he sido puntual, ¿y mamá? / —Está preparando la comida. / —Anda, hija, vete a ayudarla a sacar los cubiertos. / —Sí, papá. Enseguida voy. / Yo, al ver esto, casi me caigo de la sorpresa. Luego, aquel señor no era su novio. Yo yo que creí que ya no podría ni mirarla. / Ahora empezaré otra vez a tener esperanzas, quién sabe, todo puede ocurrir, todo puede pasar. / Sí, sí... Todo pasa y la esperanza nunca se pierde. / NOTA.— El autor ruega a todas sus amigas que no se den por aludidas, pues todo el artículo es pura invención. / Jesús Fernández




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