Cómo se hacen los futuros hombres de España, en Rutas 5

Revista RUTAS, año I, n.º 5, 30-11-1964.

Perioricidad: quincenal. 

Tirada: 200 ejemplares. 

Domicilio: Avda. Escuelas, 15.

Comité de redacción: Francisco Figueras Sola, Antonio Gámez Aranda, Angelita Guerrero, Silvestre López Garcés, Julián Mellen, Luis Salas Galán.

Origen: archivo personal de Amparo Figueroa Saavedra.


Texto de la página 6. Transcripción revisada. Artículo de Silvestre López Garcés en que critica el descontrol de los horarios escolares, los castigos y lo hueco del adoctrinamiento franquista; menciona al grupo escolar de Santa María del Pozo.

CÓMO SE HACEN LOS FUTUROS HOMBRES DE ESPAÑA

Es bonito. Sí, resulta agradable contemplar esta abigarrada muchedumbre infantil, bulliciosa en inquieta, desobediente, o mejor, no haciendo caso a las tajantes órdenes de «¡firmes, ya!», «a cubrirse, ya», con que les obsequian, todas las mañana, de una forma desinteresada y gratuita, los maestros. / Todos los días, a las nueve y media, a la una, a las tres y a las cinco, contemplo o escucho la misma escena. Trescientos veinte niños, más o menos uniformados con su cazadora gris, mostrando el escudo sobre su pecho con la divisa «Santa María del Pozo». Son altos, bajos, morenos, rubios; es curioso, la mayoría tienen el pelo rubio. Casi se podría pensar que son alemanes. / Son traviesos, revoltosos, juguetones, en fin, poseen todas las bellas cualidades propias de la juventud. / Son trescientos veinte niños que, todas las mañanas, haga calor o frío, esté lloviendo o luzca el sol, forman ante el impasible mástil que sostiene las banderas multicolores de todas las naciones. El mundo entero reunido, ondenado al viento húmedo de las mañanas de otoño. / Es un acto sencillo y emotivo; por los altavoces suenan las notas indefinibles de los himnos de toda la tierra. / Luego, una vez que las banderas tremolan a los vientos, una orden imperiosa les hace girar sobre sus talones y así, por orden de clases, marchan en fila india a ocupar sus pupitres. / Pero dejemos ya el preámbulo y pasemos al meollo de la cuestión que ha motivado este artículo: / No sabemos si existe un cuerpo de Inspectores de Enseñanza Primaria en el Ministerio; y, en caso de que exista, su labor debe de ser nula o estar limitada a pasarse por la caja para embolsar sus más o menos sueldos, ganados con tantos sudores. / Nunca, desde que observo estos colegios, he tenido la suerte de ver a un inspector en el cumplimiento de sus funciones. Y así va todo. Conste que no me refiero a ningún grupo escolar en particular, sino a todos en general: no se respeta la hora de entrar en clase, los recreos se prolongan siempre diez o quince minutos más de lo reglamentario, siendo, eso sí, condenadamente puntuales a la hora de salir; quizá algún día, a la media hora de haber entrado del recreo, se ven formar delante de la clase, en fila india, a los niños para llevarlos seguidamente a los urinarios... / Se pierde mucho tiempo en formar y desformar, en cubrirse y ponerse firmes, y en toda esta serie de discursitos con que son obsequiados —y ahora sí me refiero a un grupo escolar determinado— casi diariamente los pequeños. / Por otra parte, he observado castigos, en mi humilde opinión, impropios, que se ponen en determinados colegios de El Pozo: Un buen día, unos treinta niños llegan tarde a clase y, entonces, el director del grupo escolar les manda que, en fila de uno y siguiendo todos los ángulos del patio, por cierto, bastante grande, den vueltas al mismo por un tiempo de ¡dos horas!, desde las nueve y media hasta las once y media. ¿Es esto Pedagogía? ¿¡No será un castigo contraproducente!? Si los niños llegaron cinco o diez minutos tarde, ¿se les puede hacer perder por eso toda la mañana de clase? ¿No será más formativo el que los niños se quedaran sin recreo para recuperar el tiempo perdido? ¿O quizá es más formativo que, además de llegar tarde, pierdan dos horas de clase y luego disfruten de sus cuarenta o cincuenta minutos de recreo? / Y así podríamos seguir enumerando pegas que surgen en la enseñanza primaria y que, a nuestro parecer, tienen fácil solución si la actividad de los maestros estuviera sometida a un control más serio, ya que, en principio, de esta actividad depende la formación integral y primaria de nuestros hijos, una formación que va a moldear sus mentes jóvenes y sus almas vírgenes para bien o para mal. Esto depende de la enseñanza que reciban y de los métodos que se sigan para impartirla. / Quizá otro día hablemos de los problemas que se le plantean al Magisterio y de sus posibles soluciones. No sé si hemos estado demasiado duros. Ruego me perdonen si alguien pudo ofenderse. No pretendo destruir ni criticar agriamente la labor magnífica del Magisterio, sino hacer notar ciertos defectos e impropiedades que no deben permitirse porque esta labor es la base para el engrandecimiento de todo un pueblo. / por SILVESTRE LÓPEZ GARCÉS



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