Revista RUTAS, año I, n.º 5, 30-11-1964.
Perioricidad: quincenal.
Tirada: 200 ejemplares.
Domicilio: Avda. Escuelas, 15.
Comité de redacción: Francisco Figueras Sola, Antonio Gámez Aranda, Angelita Guerrero, Silvestre López Garcés, Julián Mellen, Luis Salas Galán.
Origen: archivo personal de Amparo Figueroa Saavedra.
Texto de la página 9. Transcripción revisada. Texto católico de Luis Salas Galán, crítico con el primer mundo.
¿DÓNDE ESTÁ LA FELICIDAD? ¿QUÉ ES LO QUE BUSCA EL HOMBRE?
Despojado de sus dones, es arrojado del paraíso. Únicamente le queda al hombre un intelecto, capaz por su propio esfuerzo de elevarse por encima de los demás seres, como lo hiciera antes con el don sobrenatural de «la ciencia infusa». / Vicisitudes sin tregua se sucederán a través de los siglos. Vastos imperios con sus rasgos característicos de civilización parecen en cada época representar al mundo entero. Lamentables conflagraciones provocan los poderosos para ejercer un total mando sobre los demás pueblos. / Amante de fantasías, no acaba nunca de convencerse de que son irrealizables; una y otra vez las pone en práctica con resultados adversos. / El Eterno Padre desde el Empíreo ve a insignificante criatura humana correr en pos de algo que nunca podrá alcanzar: una felicidad que siempre se le escapa de las manos, que no se puede materializar, algo que solo existe en su ideal. / Se suceden los inventos llegando a ser verdaderamente revolucionarios. Pero la evolución es solamente el lado material. ¿Es por esto más feliz el hombre que en sus primeros tiempos o tal vez se siente más desnaturalizado, más solo, más insatisfecho que nunca? Quizás el hombre vaya caminando —en su evolutiva marcha— hacia su propia destrucción. / ¿De qué forma contribuye la razón a la felicidad?; gran parte de los placeres se caracterizan por lo alejados que están de la razón. / Aparte de los placeres eróticos, tenemos por ejemplo la caza —con la que el hombre ha sentido siempre gran fruición —ese deporte de persecución irracional de los animales, y digo irracional por el trabajo que costaría a un hombre extermi[...], aunque sea a una raza de jabalíes allí donde los encontrara. / Comparemos al hombre de los primeros tiempos con uno de la civilizada Europa, y nos daremos cuenta de cuan distinta forma conciben la vida los hijos de Adán. La complejidad del civilizado y la simplicidad del salvaje, lo natural de este y la simplicidad de aquel. / La actividad de la ciudad es enorme. Modernos automóviles circulan en todas direcciones. Grupos de jóvenes se encaminan a las distintas facultades. Los obreros se dirigen al taller o a la fábrica. Los niños a los colegios. El sabio desde su gabinete hace importantes investigaciones sobre cibernética y atomística. / Todos tratan de contribuir de algún modo a la integral labor de este mundo. / Las diversiones son muy variadas, pero todas ellas están salpicadas por la afectación y mediatizadas por el dinero. / Pero pasemos al otro mundo. A ese mundo incivilizado, a ese mundo salvaje, primitivo. / Reina hace años la paz. Los rayos del sol caen perpendiculares sobre el país tropical. La exuberante vegetación y los caudalosos ríos dan al paisaje gran riqueza de matices. Las mujeres de tez morena y grandes ojos negros poseen gran donaire y encanto. Sus melódicas voces poseen más seducción que las sirenas de Ulises. / Quizás, por su gran escasez, aún existen estas lindas mujeres en las mentes de los hombres civilizados. / En lontananza de este pictórico paisaje, se recorta un dilatado horizonte que, al ocaso, adquiere un color rojo contrastando de una manera admirable con el verde intenso de la selva. / Después de las torrenciales lluvias, aparece el arco iris como símbolo de una calma absoluta. Diríase que todos los sentidos gozan a un mismo tiempo de sus objetos preferidos. / No es que pretenda el retorno a la naturaleza; antes bien el hombre civilizado no podría soportar por mucho tiempo la vida sencilla de sus hermanos; del mismo modo, el salvaje se aturdiría si lo llevásemos a la ciudad. / Ambos pueblos, empero, viajan en el mismo planeta, gozan del mismo sol y, lo que es más importante, tiene idéntico fin que cumplir. / por Luis SALAS GALÁN

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