Revista RUTAS, año I, n.º 5, 30-11-1964.
Perioricidad: quincenal.
Tirada: 200 ejemplares.
Domicilio: Avda. Escuelas, 15.
Comité de redacción: Francisco Figueras Sola, Antonio Gámez Aranda, Angelita Guerrero, Silvestre López Garcés, Julián Mellen, Luis Salas Galán.
Origen: archivo personal de Amparo Figueroa Saavedra.
Texto de la página 8. Transcripción revisada. Texto católico de Antonio Aguilera Ortega, dirigido a los jóvenes varones.
MI ORACIÓN POR ELLA
Esta sencilla oración que a continuación te inserto, como tú, amigo, verás, no es una de tantas del montón. Es sencilla, humilde y significativa; una oración que todos los jóvenes tenemos que saber, una oración que nos une con el Más Allá, que nos relaciona en la vida humana, creo que te gustará y sabrás apreciar su significado, aunque aún no tengas elegida a tu «compañera de fatigas» para esta vida, la chica a la cual vas a entregar sinceramente tu corazón, tu vida, tu ilusión de un futuro, en la que pondrás todas tus esperanzas. Porque el pedir por algo que sabes lo que es, pero que no sabes quién es, es algo que tiene un mérito extraordinario ante los ojos de Dios y de los hombres, pero tú sabes que algún día te habrás de decidir y, entonces, a esa chica que tu corazón elija le desearás toda dicha, la adorarás y pedirás a Dios por ella y por ti para os comprendáis, porque la chica —aunque parece ser que el mundo por algunos puntos se va materializando— es algo delicado y dulce, algo que hay que mirar y cuidar. Esta oración de «cosecha propia», como tú verás, tiene un valor que... Bueno, es mejor que lo aprecies tú leyéndola y meditándola de vez en cuando. No dudes que te ayudará muchísimo en tu elección o noviazgo. / «Jesús, he venido a pedirte por ella. Tú que has hecho mi corazón y también has hecho el suyo, y que sabes si los has hecho el uno para el otro, indícanos claramente qué actitud debemos tenernos mutuamente y haz que decididamente hagamos tu voluntad en este sentido. / Ya sabes Tú que deseo volcar en ella todo mi cariño y toda la fuerza de mi corazón; Tú sabes cómo deseo defenderla y protegerla de todo mal, sobre todo del único y terrible mal que Tú odias. Defiéndela y defiéndeme también a mí de los peligros y no nos dejes caer en la tentación. / Siembra en nuestros corazones el deseo grande y hondo de unirnos bajo la señal santa de Tu Nombre y de atraerte muchas almas con nuestro ejemplo para lograr que venga a nosotros Tu reino. / Quiero establecer con ella un hogar que sea tuyo enteramente y en el que vivas con plenitud y nunca te apartes de nosotros. / Quiero que unas estrechamente nuestras dos almas como Tú estas unido con nosotros y formas así tu pueblo santo: Tu Iglesia. / Te pido que sobre ella y sobre mí repartas a manos llenas Tus bendiciones, las del cielo y las de la tierra; aumenta en ella y en mí la fe firme y profunda en Ti, la esperanza en tus promesas y la caridad y el amor con que correspondemos a Tu predilección por nosotros; dame también los medios para formar un hogar honesto y acomodado en donde la pueda hacer feliz y que así, a su lado, me sienta más cerca de Ti al ver cómo derramas sobre nosotros los tesoros de tus bendiciones. / Escucha, Señor, las oraciones que ella te hace por mí, porque tanto más necesito Tus gracias cuanto más débil e impotente estoy y cuanto más necesito para protegerla y defenderla de todos los peligros siendo su sostén, su amparo y su guía, como ella es mi luz, mi calor y mi anhelo. / Te pido ya desde ahora por ellos, los que Tú me quieras regalar por medio de ella; quiero poblar con ellos tu cielo, que Lucifer con su rebelión quiso dejar desierto. Haz que Tu gracia les prevenga desde ahora, los acune y los custodie de todo mal, y ¡hazme digno de ellos! / Y Tú, Madre mía, recibe ahora mi corazón purificado y hazlo digno de ella, y recibe también el suyo, y consérvalos unidos bajo tu amplio manto celeste y al amparo de tu dulce mirada». / presentado por Antonio AGUILERA ORTEGA

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